La tarea del Parlamento

     


(Publicado en Diario SUR de Málaga el 18 de mayo de 2026)

- Las reglas del juego (CXIX) -


¿Para qué sirve un parlamento? 109 hombres y mujeres fueron elegidos ayer diputados del nuevo Parlamento de Andalucía. Sobre sus hombros recae la gran responsabilidad de llevar a buen puerto, durante los próximos cuatro años, las tareas que nuestra democracia encarga a las instituciones parlamentarias.  

La primera de ellas, y sin duda la más urgente, será investir a un nuevo gobierno autonómico. Cada escenario parlamentario es distinto del anterior, pero la experiencia reciente nos advierte de las dificultades que en este empeño suelen acechar en el horizonte: cuando ninguna fuerza tiene la mayoría absoluta, hay que tener la generosidad suficiente para saber alcanzar los pactos necesarios; cuando hay una que la tiene, hay que tener la generosidad suficiente para tender la mano hacia los adversarios en las grandes decisiones que no deben tomarse con el acuerdo de sólo la mitad más uno. Una vez investido el nuevo gobierno, los diputados siguen teniendo ante sí el mandato del Estatuto de autonomía para cumplir casi una veintena de funciones específicas, entre ellas las clásicas de todos los parlamentos, aprobar las leyes y controlar al gobierno que debe aplicarlas. Su cumplimiento tampoco está libre de complicaciones: legislar con prisas o haciendo prevalecer el relato sobre el derecho, o controlar al gobierno cayendo en la tentación del tumasmismo o de la descalificación personal, son atajos que conducen siempre al fracaso. Para hacer bien su trabajo, los nuevos diputados tendrán que ir a contracorriente y creerse de verdad lo que de ellos dice el Estatuto de autonomía: que representan al pueblo andaluz, lo que les obliga a no ser meros aplaudidores de los discursos de sus líderes o, peor aún, meros abucheadores de los ajenos.

Aunque ninguna de las anteriores carece de relevancia, la más importante tarea de los nuevos parlamentarios no es ninguna de ellas. Hoy, los parlamentos son, ante todo, el escenario donde los ciudadanos ven reflejada la democracia. Cada vez que un diputado, de cualquier formación política, actúa de manera indigna, hay miles de ciudadanos que ven en su comportamiento un motivo para sentirse decepcionados con el sistema democrático en su conjunto. Hay que estar muy atentos ante la suma de esas pequeñas decepciones, porque hoy ya sabemos que las democracias contemporáneas no mueren por cruentos golpes de Estado, sino por «mil pequeñas heridas». Ayer elegimos más de un centenar de parlamentarios para que designen un nuevo gobierno, controlen cómo este ejerce el poder y aprueben leyes útiles y eficaces. Pero la parte más importante de su trabajo será cuidar con su ejemplaridad la imagen de la institución que mejor representa la convivencia en libertad. La tarea más trascendental de un diputado es esa: contribuir con sus actos a mantener viva en sus conciudadanos la fe en la democracia.


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