La inconstitucionalidad de los aranceles de Trump
La noticia constitucional de la semana que acabamos de dejar atrás nos vino de Estados Unidos: su Tribunal Supremo ha fallado que el presidente Trump no puede imponer por su propia autoridad (es decir, sin autorización del Congreso) aranceles recíprocos como los que ha venido aplicando a muchos países desde que los presentó a bombo y platillo en la Casa Blanca en abril del año pasado, cuando pomposamente anunció «el día de la liberación». Cuando algunas empresas los recurrieron, Trump argumentó que el poder para implantar los aranceles ya se lo había dado el Congreso en una Ley aprobada hace casi cincuenta años, que otorga al presidente algunas facultades económicas en situaciones de emergencia internacional. Ahora, el Tribunal Supremo ha dejado claro que la Ley no puede interpretarse de ese modo. Como la Constitución ordena que el poder de regular los aranceles pertenece al Congreso y este es el único que podría autorizar al presidente a establecerlos, al no existir esa autorización los aranceles son inconstitucionales.
Se trata de una sentencia que hará historia. Durante el año y pico que lleva en el cargo, Trump ha estado ejerciendo sus poderes presidenciales de forma cada vez más descontrolada, no solo en su errática política arancelaria, sino en el tratamiento de la inmigración o las libertades de los ciudadanos. Se ha encontrado con la oposición de algunos alcaldes y los gobernadores de algunos Estados, y ha habido tribunales que le han parado los pies en más de una ocasión. Pero ahora es el Supremo el que directamente ha declarado la nulidad de uno de los pilares de su política como presidente. Además, aunque la sentencia se ha pronunciado, como muchas otras, por seis votos a favor y tres en contra, ahora en la mayoría de seis se encuentran jueces liberales y jueces conservadores (empezando por su presidente, el ponente de la sentencia), algunos de ellos nombrados por el propio Trump en su anterior mandato.
¿Podrá Trump seguir imponiendo aranceles a los países que no le bailen el agua? Probablemente sí, pero bajo el control del Congreso y con los límites que le señalen en cada caso las leyes que el congreso apruebe. Una de las más importantes recetas que nos legaron los padres fundadores del constitucionalismo norteamericano fue la de separar los poderes para que todos se controlaran recíprocamente y ninguno de ellos pudiera caer en el despotismo. Tras unos meses en los que el ejecutivo ha creído que podía actuar fuera de esos límites, el judicial le ha recordado que hay cosas que no puede hacer sin la autorización del legislativo.

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