¿Hasta cuándo Trump?
Muchos se preguntan hasta cuándo tendremos que soportar a Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos. Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero la Constitución norteamericana nos aporta dos noticias al respecto, una buena y otra mala. La buena es que un presidente no puede ser reelegido más de una vez, por lo que Trump, que está ahora en su segundo mandato, no podrá ser de nuevo candidato en las próximas elecciones. La mala es que es muy difícil que pueda ser cesado por el Congreso antes de que, en enero de 2029, termine su presidencia. Dentro de poco más de seis meses, en noviembre de este año, la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado serán renovados, por lo que podríamos plantearnos si ese nuevo Congreso, en el caso de que el partido republicano perdiera la mayoría, podría cesar a Trump. Con la Constitución en la mano, la respuesta corta es «no» y la respuesta larga es «casi seguro que no».
El «no» de la respuesta corta lo explica la forma de gobierno que establece la Constitución norteamericana, que es presidencialista, no parlamentaria. Esto quiere decir que el presidente, que, al igual que el Congreso, ha sido elegido por los ciudadanos, no puede ser cesado mediante una moción de censura. El presidente no necesita al Congreso para ejercer su cargo, y no hay impedimento constitucional alguno para que pueda seguir ejerciéndolo sin su apoyo (aunque si no lo tiene le será más difícil gobernar, pues no pocas de sus decisiones necesitan la aprobación parlamentaria).
Es cierto que, a pesar de que no es necesaria la confianza parlamentaria para ejercer el cargo presidencial, la Constitución contempla dos instrumentos para remover a un presidente de su cargo. Pero se aplican en supuestos tan excepcionales que sólo permitirían cambiar la respuesta anterior por un «casi seguro que no». El primero exige que su propio Gobierno, a iniciativa del vicepresidente, dictamine que el presidente padece una enfermedad que lo inhabilita para gobernar y permite (con el acuerdo del Congreso) cesarlo por esta razón. El segundo instrumento constitucional es el impeachment, que permite remover del cargo al presidente que es condenado por haber cometido traición, cohecho u otros delitos de especial gravedad: no se trata de una exigencia de responsabilidad política (como en la moción de censura) sino penal. Ambos procedimientos se intentaron poner en marcha, sin éxito, durante el primer mandato de Trump. Su aplicación para cesar a un presidente que no haya cometido alguno de esos delitos o no esté gravemente enfermo sería inconstitucional.

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