El disputado voto de "los nietos"

(Publicado en Diario SUR de Málaga el 18 de octubre de 2026)

- Las reglas del juego (CXXI) -


El sistema electoral español y el de Estados Unidos se parecen tanto como un huevo a una castaña, pero hace un cuarto de siglo el Tribunal Supremo norteamericano se enfrentó a un problema que recuerda al que debe resolver ahora el nuestro con la llamada «Ley de nietos». En las elecciones de 2000, la batalla presidencial entre George W. Bush y Al Gore se decidía en Florida. El defectuoso diseño de una papeleta electoral había impedido contar correctamente varios miles de votos, y los tribunales de ese Estado ordenaron volver a contarlos. Pero el recuento era tan lento que no podría terminarse para la fecha en que la Ley obliga a proclamar al nuevo presidente. Cuando el asunto llegó al Tribunal Supremo, este tuvo que tomar una dificilísima decisión: optar entre la pureza del proceso electoral y la certeza de sus resultados.

El mes pasado, ante la sospecha de que la instrucción administrativa que permitía presumir el exilio sin documentarlo había ido más allá de lo que consentía la Ley, nuestro Tribunal Supremo ordenó a los consulados que certificaran quienes eran los extranjeros que habían obtenido la nacionalidad española sin haber acreditado que eran hijos o nietos de exiliados durante el franquismo, suspendiendo mientras tanto la inscripción en el censo de unos 160 mil electores. Después de convocadas las elecciones generales, la abogacía del Estado le ha solicitado que reconsidere su decisión, argumentando que es imposible que los certificados lleguen a tiempo para determinar, dentro de seis semanas, quién podrá votar y quién no. El Supremo ha desestimado su solicitud. Lo que, sin elecciones a la vista, parecía una medida prudente se ha convertido ahora en un problema que puede afectar a la credibilidad del resultado electoral, pues mantiene la incertidumbre sobre el censo a las puertas del momento en el que debe usarse. Lo paradójico del asunto es que la misma incertidumbre se habría mantenido tomando la decisión contraria: estando tan cerca el día de la votación, la polémica avivará las ganas de criticar la limpieza del proceso electoral por parte de los que no salgan muy satisfechos la noche del 29 de noviembre, tanto si se incluyen a los nietos como si no. Esperemos que consigan contenerlas, porque cuestionar las elecciones, que es la base misma de nuestra democracia, es lo que menos necesitamos en estos momentos.

El otro Tribunal Supremo, el norteamericano, finalmente decidió interrumpir el recuento de los votos. No descartó irregularidades en el escrutinio, pero decidió que era más importante dotar de certeza a los resultados en la fecha ordenada por la Ley. Bush ganó en Florida por medio centenar de votos y alcanzó la presidencia. Gore acató la sentencia, presidió la sesión del Senado en la que su contrincante fue proclamado presidente y le deseó suerte para su mandato mientras le estrechaba la mano en la ceremonia de toma de posesión. Eran otros tiempos.


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