Constitucionalistas

 


(Publicado en Diario SUR de Málaga el 16 de marzo de 2026)

- Las reglas del juego (CX) - 


Un indicador de que la Constitución no goza de buena salud es que se extienda su uso en el debate político para trazar la frontera que divide unos partidos frente a otros. Que haya grupos políticos que se definan como constitucionalistas para distinguirse de sus oponentes implica tachar a los de enfrente de anticonstitucionales. Cuando ocurre esto (o también su viceversa: que se marque el propio territorio oponiéndose a la Constitución, denostando a los que la apoyan), se esgrime la Constitución para atacar al adversario, lo cual puede suponer un fraude a su propia esencia: el propósito de una Constitución no debe ser dividir, sino integrar. Usarla como ariete político puede iniciar la peligrosa deriva hacia la deslegitimación constitucional. Y una Constitución solo de unos cuantos, que no se sienta como legítima por el conjunto de los ciudadanos, no puede cumplir su principal papel, que es asegurar la libertad de todos. 

Además de para calificar a los partidarios de la Constitución, hay otra acepción del término «constitucionalista», que sirve también para definir a los juristas expertos en Derecho Constitucional. Varios centenares de estos constitucionalistas nos reunimos la semana que acaba de terminar para debatir entre nosotros sobre el estado de nuestra Constitución. Lo hacemos todos los años, cada vez en una universidad distinta. En esta ocasión fue en la de Murcia, la sede de 2026 del congreso anual de la Asociación de Constitucionalistas de España.

Quizá donde más abunde la crítica al modo en el que nuestra Constitución protege nuestros derechos o regula el control del poder (esos son los dos principales cometidos de toda Constitución) sea entre nosotros, los constitucionalistas. Nuestro trabajo consiste precisamente en eso: en escudriñar la Constitución y cómo se aplica y se interpreta, para vigilar hasta qué punto cumple su trascendental función de poner límites a los poderosos. Pero esta crítica de la Constitución no se hace para trazar fronteras ni convierte el desacuerdo en una sospecha de desafección constitucional. Nace del respeto a la propia Constitución y de la convicción de que solo la discusión libre y razonada sobre su contenido permite preservarla y mejorarla. Por eso, al contrario de los que la usan como arma arrojadiza para expulsar al adversario del campo de los leales, contribuye a mantener viva su legitimidad.

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