La guerra ilegal

 


(Publicado en Diario SUR de Málaga el 9 de marzo de 2026)
- Las reglas del juego (CIX) - 

Mucho antes de que la filosofía política se independizara de la teología ya existía una extensa doctrina que distinguía la guerra injusta de la justa, que en aquel entonces era la bendecida por Dios. Cuando el pensamiento político se secularizó, primero se basó esa distinción exclusivamente en la conveniencia política (para Maquiavelo, la guerra es el principal instrumento para mantenerse en el poder y la primera obligación del príncipe es ganarla), pero con  la Ilustración se construyeron nuevos criterios, ligados ahora a la existencia de un orden jurídico cosmopolita, en cuya implantación se confiaba para asegurar una «paz perpetua» (en palabras de Kant) entre las naciones.

A lo largo de la historia, sólo los militantes del pacifismo sin concesiones se han atrevido a condenar todas las guerras sin excepción, incluso aquellas en las que no hay más remedio que batallar como último recurso para garantizar la libertad. La defensa a ultranza de la paz siempre ha sido una idea encomiable, y en ocasiones, desde Gandhi hasta Mandela, ha dado frutos memorables. Pero hay que reconocer que no siempre ha sido así: nuestra segunda república por ejemplo, eligió un mal momento para proclamar solemnemente en la Constitución de 1931 que España renunciaba a la guerra, pues pronto aprendió que el problema aparece cuando son otros los que no renuncian a guerrear contra ti, y, desde luego, lamentó que, emulando esa proclamación, las democracias europeas renunciaran a apoyar su propio esfuerzo bélico en defensa de la legalidad republicana cuando estalló la guerra civil.

El nuevo orden nacido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial instauró un camino intermedio entre el pacifismo a toda costa y la disputa inacabable sobre cuando una guerra es o no injusta, pues nunca hubo guerra alguna en la que ambos bandos no estuvieran igualmente convencidos de que la justicia estaba de su parte. Ahora tenemos normas que nos permiten eludir esa discusión: el derecho internacional se limita, más modestamente, a distinguir entre guerras legales o ilegales. Solo pueden considerarse legales las que son respuesta a una agresión armada o las que cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con los datos que por ahora conocemos, tanto la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán, como los ataques indiscriminados de Irán a una decena de países de la región (que han llegado incluso a Chipre) merecen ser calificados de ilegales. 

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