La CERA que no arde
El viernes pasado, por fin, se acabaron de contar en todas las provincias andaluzas los votos de las elecciones autonómicas celebradas el domingo anterior. No todo el mundo sabe que en los resultados con los que nos fuimos a dormir la noche electoral faltaban aún los votos de un puñado de ciudadanos, aproximadamente un cuatro por ciento del total, que según la ley deben contarse cinco días después del día de la votación, en el escrutinio que hacen las juntas electorales. Es el voto del Censo de Electores Residentes Ausentes, conocido como el voto CERA.
Más de un cuarto de millón de andaluces que viven fuera de España, repartidos por el mundo, pueden ejercer su derecho al voto. La gran mayoría no lo hace, bien porque no le ven mucho sentido a participar en las elecciones de un país en el que ya no están, bien porque se trata de un voto cuyo ejercicio presenta muchas dificultades (hay que acudir a un consulado que a veces está muy lejos de la ciudad donde resides, o fiarte de los servicios de correos). El índice de abstención suele superar el noventa por ciento. Además, muchos piensan que es discutible que puedan tener derecho a votar los españoles que ya no viven en España. No les falta razón, al menos en parte: la Constitución garantiza ese derecho sólo en las elecciones generales (en puridad, solo en el voto a una de sus cámaras, el Congreso, no el Senado), la ley lo permite también para las autonómicas y lo impide en las elecciones municipales. La tendencia es ligar cada vez más el derecho de voto a la residencia, no a la nacionalidad, también en el sentido de que puedan ejercerlo los no nacionales que viven aquí. Es lo que ocurre ya en nuestro país para las elecciones al Parlamento Europeo (en las que pueden votar los ciudadanos de la UE residentes en España) y con las elecciones locales (en las que pueden votar también los residentes extranjeros no europeos con cuyos países hemos firmado un convenio).
En cualquier caso, el voto de los españoles residentes en el extranjero no suele tener grandes consecuencias: se cuenta cuando todos los escaños están ya adjudicados, y sería rarísimo que se alterara el resultado. Por eso no sale en los periódicos. El refranero habla de que «no hay más cera que la que arde» para expresar la idea de que lo que cuenta es lo que es realmente efectivo. Está claro que el voto CERA sirve para que los españoles en el extranjero mantengan ciertos lazos sentimentales con el país cuya nacionalidad conservan, aunque ya no vivan aquí, y hoy en día todavía supone el ejercicio de un derecho reconocido por la ley. Pero hay que admitir que arde poco: estos electores ni dan ni quitan escaños, que es, al fin y al cabo, para lo que sirven las elecciones.

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